Recibes una transferencia inesperada justo después de presentar la demanda. Tu deudor, que llevaba meses ignorando tus llamadas, ahora paga el principal. Respiras aliviado… hasta que tu abogado te dice que probablemente tendrás que asumir tus propias costas. Has ganado el dinero, sí. Pero has perdido el coste del proceso.
Si estás leyendo esto es porque alguien te debe dinero y te planteas demandar. O peor: ya has demandado y temes que, en el último momento, el deudor pague para librarse de las costas. Lo que no sabes es que existe una herramienta previa, obligatoria en muchos casos, que puede cambiar radicalmente el resultado económico del procedimiento: el MASC previo bien planteado.
En 30 años de ejercicio he visto a cientos de acreedores cometer el mismo error. Reclaman de cualquier manera, sin estrategia, y cuando el deudor paga a última hora, el juzgado no impone las costas. El resultado es devastador: recuperan el capital, pero pierden miles en honorarios y tiempo. Y todo por no haber hecho correctamente el paso previo.
El error que comete el 80% y que impide condenar en costas
La mayoría cree que basta con “haber reclamado”. Un email, un WhatsApp, una llamada grabada. Error. Eso no es un requerimiento fehaciente jurídicamente eficaz a efectos de costas.
El artículo 395 de la Ley de Enjuiciamiento Civil es claro: si el demandado se allana antes de contestar a la demanda, no procede la condena en costas salvo que haya existido requerimiento previo fehaciente y haya actuado con mala fe.
La clave está en dos palabras: requerimiento previo fehaciente.
He visto casos donde el acreedor tenía razón absoluta, la deuda era indiscutible, incluso reconocida por escrito. Pero como no hubo un requerimiento formal que acreditara la negativa injustificada al pago, el juez consideró que no existía mala fe procesal. Resultado: cada parte pagó lo suyo.
Y eso duele más que la propia deuda.
Lo que la mayoría ignora sobre el MASC y la mala fe procesal
Con la implantación del MASC (Medios Adecuados de Solución de Controversias) como requisito de procedibilidad en numerosos procedimientos civiles y mercantiles, el escenario ha cambiado.
No se trata solo de cumplir un trámite. Se trata de construir la base para una futura condena en costas.
Lo que tu abogado generalista no te dirá
Muchos profesionales se limitan a enviar una carta estándar o a presentar la demanda directamente. Pero el MASC no es un simple “intento de acuerdo”. Es una pieza estratégica.
Debe cumplir varios requisitos:
- Ser claro, concreto y cuantificado.
- Conceder un plazo razonable.
- Advertir de las consecuencias procesales.
- Quedar acreditado su envío y contenido.
- Estar formulado de forma que evidencie la resistencia injustificada del deudor.
Si no se hace así, el juez puede entender que el demandado no tuvo oportunidad real de evitar el pleito.
El Tribunal Supremo ha reiterado en múltiples resoluciones —entre ellas la STS de 19 de enero de 2021— que la mala fe a efectos del artículo 395 LEC requiere que el demandado haya sido requerido de forma clara y precisa antes del proceso.
No basta con una insinuación. No basta con “ya sabes que me debes”. Hace falta una estructura jurídica sólida.
El MASC como herramienta probatoria, no como formalidad
En nuestra práctica diaria utilizamos el MASC previo como una trampa procesal legítima. Si el deudor paga dentro del plazo, perfecto. Has evitado el pleito.
Si no paga y luego se allana, tenemos la prueba de su resistencia injustificada. Y entonces la condena en costas se vuelve viable.
La diferencia entre un MASC mal redactado y uno estratégicamente diseñado puede suponer miles de euros.
Cuánto te está costando cada día de espera
El tiempo juega en tu contra. Y no solo por la prescripción.
Si dejas pasar semanas o meses sin un requerimiento formal, el deudor puede alegar que desconocía la urgencia, que existía controversia o que nunca recibió una reclamación clara.
He visto deudas de cinco cifras en las que el acreedor recuperó el principal pero perdió el coste íntegro del procedimiento. Entre abogado, procurador y gastos, el impacto económico puede situarse fácilmente en un rango elevado.
Además, si el deudor paga tras la admisión de la demanda pero antes de contestar, sin que exista requerimiento previo fehaciente, el juzgado suele aplicar el artículo 395 LEC de forma estricta. Y entonces ya no hay marcha atrás.
La inacción también debilita tu posición negociadora. Cada día que pasa sin una actuación formal transmite un mensaje: no hay urgencia real.
Y en materia de deudas, la urgencia es poder.
Las preguntas que determinan si ganarás o perderás
¿Si me pagan antes del juicio ya no puedo reclamar costas?
Depende. Si no hubo requerimiento previo fehaciente o MASC adecuado, lo normal es que no se impongan. Si lo hubo y acreditamos mala fe, la condena es perfectamente defendible.
¿Sirve un email o un WhatsApp como requerimiento?
En la práctica judicial, rara vez. La carga probatoria es tuya y la fehaciencia debe ser indiscutible.
¿Y si el deudor dice que quería pagar pero no sabía cómo?
Por eso el requerimiento debe incluir forma de pago, cuantía exacta y plazo. Cuanto más preciso sea, menos margen de excusa tendrá.
¿El MASC es obligatorio siempre?
En numerosos procedimientos civiles lo es como requisito de procedibilidad. No cumplirlo puede implicar inadmisión de la demanda.
Estas preguntas no son teóricas. Son las que deciden si recuperas también los costes o si asumes tú el desgaste económico.
La diferencia entre reclamar y construir una condena en costas
En JR Abogados no enviamos simples reclamaciones. Diseñamos estrategias procesales.
Primero analizamos la naturaleza de la deuda: contractual, extracontractual, mercantil. Estudiamos si existe controversia real o resistencia injustificada.
Después redactamos un requerimiento estructurado como futura prueba judicial. No es una carta amable. Es un documento técnico que anticipa el escenario procesal.
Concedemos un plazo razonable, advertimos expresamente de la interposición de demanda y dejamos constancia de que el incumplimiento podrá fundamentar la solicitud de costas por mala fe.
Si el deudor paga, asunto resuelto.
Si no paga y luego se allana, tenemos base sólida para solicitar la condena.
Y no avanzamos a demanda sin tener claro que el paso previo está blindado.
Por qué la oferta vinculante confidencial cambia el tablero
En muchos casos utilizamos la oferta vinculante confidencial como herramienta dentro del MASC previo.
No es una simple reclamación. Es una propuesta formal que cumple los requisitos legales y que, de no ser atendida sin causa justificada, refuerza la posición procesal del acreedor.
Cuando el deudor la ignora o la rechaza sin fundamento y posteriormente se allana, el argumento de mala fe se fortalece de manera evidente.
Si quieres entender cómo estructuramos este paso clave, aquí puedes conocer el funcionamiento de la oferta vinculante confidencial previa al juicio.
No se trata de amenazar. Se trata de documentar.
Lo que pierdes si no actúas estratégicamente
Pierdes dinero en costas.
Pierdes capacidad de presión.
Pierdes tiempo.
Y, en algunos casos, pierdes incluso la posibilidad de reclamar si la prescripción avanza.
En cambio, cuando actúas con estrategia, el mensaje cambia. El deudor entiende que no está ante un acreedor improvisado, sino ante una estructura profesional que sabe exactamente qué pasos dará.
En 30 años he visto deudores pagar en cuestión de días tras recibir un requerimiento técnicamente impecable. No por miedo irracional, sino porque comprenden que el siguiente paso está preparado.
El resumen que debes grabarte
Si demandas sin MASC previo sólido, puedes recuperar el dinero pero asumir las costas.
Si construyes correctamente el requerimiento previo, puedes recuperar el dinero y trasladar el coste al deudor.
La diferencia no está en tener razón. Está en cómo la preparas.
Contacta con JR Abogados hoy y analiza tu caso antes de mover ficha. Cada día que esperas reduce tu margen de maniobra y aumenta la posibilidad de que el deudor pague cuando ya no puedas repercutirle los gastos.

